viernes, 19 de noviembre de 2010

Crónica de una muerte anunciada

Uruguay es el país de los diagnósticos. Existen voluminosos informes que abordan las razones por las cuales el transporte urbano de pasajeros es ineficiente. Pero los ómnibus siguen emulando a una tortuga de las islas Galápagos.
Abundan los diagnósticos y evaluaciones sobre la pobreza y la exclusión social. Y los más desprotegidos siguen, ahí, haciendo frente a la vida sin más casa que la cabecera de un puente y un cartón como frazada. Pululan los sesudos informes sobre el problema habitacional que afecta a buena parte de la población. Y todos esos análisis técnicos crecen, en forma directamente proporcional, con el aumento de los asentamientos en cuanto predio libre aparece.
Con el incendio y el derrumbe del Cilindro Municipal pasó exactamente lo mismo. Informes, estudios técnicos, y acalorados debates sobre la fragilidad de la estructura edilicia del que supo ser el mayor estadio cerrado de basquetbol de Uruguay llenaron los escritorios de autoridades comunales y ediles. Hoy las ruinas testimonian que todo lo estampado en el papel era cierto. Y que la debacle era evitable.
En la madrugada del 21 de octubre un incendio aceleró el hiper diagnosticado derrumbe del techo colgante del Cilindro, sostenido por lo que fuera considerado un novedoso sistema de tensores. 

Al menos esta tecnología fue bastante innovadora cuando el coloso fue inaugurado, a mediados de la década de 1950, en el Uruguay del Maracaná y de la tacita de plata. Construido en 1956 para albergar la primera Exposición Nacional de la Producción, fue reconvertido en 1967 en escenario deportivo para el quinto Campeonato Mundial de Basquetbol y albergó la final que coronó como campeón a la Unión Soviética, al ganarle 71 a 59 a Yugoslavia.
“Irrecuperable”, “Entre ruinas”, “Adiós al emblemático estadio”, resumieron algunos medios masivos de comunicación. O como tituló el portal Observa: “Quedó como si lo hubieran bombardeado”. Desde las ruinas del viejo estadio, la jefa comunal Ana Olivera explicó que la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) evalúa varios proyectos para aprovechar la estructura que quedó en pie del derruido Cilindro. 

Olivera señaló que la IMM venía actuando de acuerdo a las recomendaciones para mantener el campo deportivo y rechazó las acusaciones del ex edil del Partido Nacional, Daniel Graffigna, quien presentó una denuncia penal por “omisión” en el mantenimiento del edificio.
La intendenta se defendió con el argumento de que “se atendieron todos los informes que decían lo que hacer con el Cilindro”, y que “se estaban ejecutando todas las recomendaciones” de los especialistas. 

Olivera aseguró que, pocos días antes del incendio que aceleró el derrumbe, se realizaban tareas de mantenimiento en los desagües, y que el próximo paso sería reparar e impermeabilizar la cubierta del techo, hoy desaparecido.
En un comunicado el Partido Nacional explicó que la precariedad de las instalaciones ya había sido denunciada en la anterior legislatura (cuando estuvo al frente de la IMM el hoy ministro de Educación y Cultura, Ricardo Ehrlich) por varios ediles de Alianza Nacional. 

Más allá de acusaciones políticas, lo cierto es que la Comisión Administradora del Estadio Cerrado (CADEC) elevó un informe, a mediados de febrero de 2008, a la Junta Departamental de Montevideo advirtiendo sobre la precariedad de las instalaciones.
El informe de la CADEC –que depende de la IMM– elaborado hace ya más de dos años recuerda que varios estudios realizados, en la década pasada, por la propia comuna concluyeron que “los tensores (del techo) aún mantienen su rigidez, pero los ganchos que unen las placas están cada vez más deteriorados (…) El techo ha sufrido un resquebrajamiento, teniendo que improvisar lonas que soportan el agua que cae en los días de tormenta”.
La impermeabilización del techo “ya no soporta el quilaje necesario de la membrana especial que se coloca”, lo cual es uno de los aspectos “más graves”, porque hace “difícil y costoso realizar esta tarea”, señala el informe de principios de 2008. El estudio agregaba que la red eléctrica “es de sumo cuidado” y “necesita una reconstrucción”. 

La CADEC concluyó que reparar el techo costaría unos 500 mil dólares. O dicho en forma más clara: no sólo se advirtió sobre el peligro de no reacondicionar el techo, sino que además hasta se sabía cuánto costaría el arreglo. Y como está a la vista, eso nunca se hizo.
(Esta nota fue publicada originalmente en Comcosur)

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