domingo, 24 de febrero de 2008

La ética en el FA, el caso Bengoa y Chifflet

La vida orgánica del Frente Amplio (FA) pasa por su peor momento en muchos años. La conducción de la Mesa Política de a ratos parece una mala caricatura de lo que fue. La interna entre los sectores, primero a favor de la reelección y luego del nones de Tabaré Vázquez, por buscar un candidato “potable” a los ojos de los frenteamplistas y la ciudadanía en general, también son tragicómicas. Y de las fallas en los organismos de contralor internos del FA daría para escribir largo y tendido. En ese panorama, y con el primer caso de corrupción comprobado judicialmente dentro de la izquierda, el general (r) Víctor Licandro dio un paso al costado en el Tribunal de Conducta Política (TCP) al que pertenecía. Licandro se había opuesto públicamente a la firma de un TLC con EEUU, a la instalación de una policlínica en Santa Catalina, donada por el Comando Sur de EEUU. Policlínica que él ve como el germen de una base militar norteamericana en Uruguay.

Licandro creyó (cree) que el gobierno tardó demasiado en separar de sus cargos al ex director de Casinos Juan Carlos Bengoa, y al ex director de Loterías y Quinielas Orestes González, hoy alojados en el cuatro piso de Cárcel Central.

Mucho se dijo desde las alturas gubernamentales sobre que estar procesado no es lo mismo que estar condenado. En esa maraña de tecnicismos jurídicos, los que arguyen que Bengoa y sus ex asesores están presos pero son inocentes hasta que la justicia los condene tienen razón. Pero también es cierto que un rapiñero es detenido y procesado y al otro día toda la sociedad ya lo presume culpable, porque por algo la justicia lo procesó con prisión. Lo mismo pasó con la estafa perpetrada por los hermanos Peirano Basso. ¿Y con todos los involucrados en el caso Bengoa no pasa lo mismo? Para algunos frenteamplistas, la justicia procesa de una forma a un rapiñero, de otra a los Peirano y de otra bien distinta a "connotados" compañeros.

Con Licandro afuera del TCP llegaron Enio Martínez y el ex diputado socialista Guillermo Chifflet. Estas dos personas daban las mismas garantías éticas que Licandro para estar al frente del TCP.

El 5 de febrero, coincidiendo con los 37 años de la fundación del FA, Chifflet manifestó su posición personal de que hubiera sido sano separar a Bengoa de su cargo antes de que fuera procesado. Igual que Licandro. Algo lógico para una fuerza política que ha mantenido como bandera la ética y la cristalinidad.

Sin embargo, esos dichos molestaron a mucha gente. El 11 de febrero el periodista Niko Schvarz (de extracción comunista) sostuvo en el diario La República que es “incalificable” que Chifflet haya dado su opinión públicamente, ya que se había decido mantener esas consideraciones en reserva. Yo pregunto: ¿a esta altura se puede mantener alguna reserva sobre el caso más público de la izquierda y de todo Uruguay?

Frente a esta situación y al sentirse cuestionado Chifflet anunció que este miércoles 27, cuando se reúna el TCP, presentará su renuncia. Para los lectores del blog reproduzco completa la columna de La República:

Una actitud reincidente contra la ética

por Niko Schvarz

Escuché con estupor las declaraciones de Guillermo Chifflet para la TV el 5 de febrero, fecha de fundación del Frente Amplio. Aunque en realidad era la reiteración de una actitud que considero reñida con la ética.

Dijo que su posición personal en el Tribunal de Conducta Política había sido de separar del Frente a Juan Carlos Bengoa; y que a su juicio el dictamen adoptado por el TCP era correcto.

Estas declaraciones estaban en contradicción total con las que horas antes formulara el presidente del Frente. Jorge Brovetto dijo que "no hay ninguna decisión de ningún órgano político que haya decidido ninguna expulsión"; que tiene en su poder un informe del Tribunal sobre el caso, en sobre lacrado y cerrado, que abrirá para entregarlo al Plenario el 5 de abril; y que los trascendidos sobre la recomendación de expulsión son "especulaciones sin fundamento".

Pero más allá de esa contradicción total, me parece incalificable que Chifflet se haya lanzado a hablar públicamente, y dándole máxima difusión, sobre un tema que el organismo que integra, y en el cual es un miembro sobre siete, decidió a texto expreso mantener en reserva. ¿Qué justificación puede aducirse al respecto? ¿Qué tiene que ver con la ética frenteamplista y con la actitud de reserva que es consustancial a la actuación en un organismo de ese tipo?

En eso estaba cuando recibo un mail de un militante frenteamplista que me dice: "Se llegó al extremo -precisamente el día de la fundación del Frente- de que un integrante de la Comisión de Ética salió a la televisión a dar su posición personal sobre el tema Bengoa. Lo que él votó en la comisión lo dijo sin movérsele un pelo, cuando la resolución de la comisión estaba en la presidencia del FA en sobre lacrado y se abrirá como corresponde en el plenario del FA de abril, como lo decidió él y sus compañeros de comisión. A este extremo, creo, por lo menos mi memoria no me lo permite, nunca se había llegado. Que un integrante nada menos que de la Comisión de Ética salga por su cuenta, desconociendo la decisión de la comisión que integra y a lo cual los frenteamplistas le tenemos (teníamos en mi caso) absoluta confianza, a dar su opinión personal en TV, me parece de una gravedad total".

Al otro día "La columna amarilla" se pregunta: "¿El ex diputado Chifflet se va de boca sin darse cuenta? Yo creo que no ayuda".

Esa actitud es reiterada. Apenas designado para el TCP, Chifflet declaró en forma extemporánea que Bengoa debía renunciar. Luego se propuso aclarar sus dichos ante todos los micrófonos que se le pusieron a tiro. Las enmiendas resultaron peores que el soneto. Dijo: "Sobre el caso del señor Bengoa no he opinado porque no lo conozco a fondo ni a él ni al caso, ni tengo la información suficiente. He dicho sí, que si las versiones de prensa fueran exactas y yo estuviera en su lugar, bueno, sin dar consejo a nadie, yo diría cómo actuaría. Daría un paso al costado para que se aclarasen las cosas. Pero ésta es mi opinión personal y yo no pretendo ser pontífice de nadie. De modo que no se pueden dar por aludidos ni él ni sus correligionarios, porque no he acusado para nada, no conozco el caso".

Si no conocía el caso, ¿por qué no cerró la boca y recordó que al buen callar llaman Sancho? En cambio, difundió las versiones de una prensa que despotrica en todos los tonos todos los días contra el Frente. Si eso ya era muy grave, lo de ahora tiene una relación con la ética todavía más lejana.


Para finalizar reproduzco un fragmento de la contratapa del último libro de Chifflet llamado De la discusión nace la luz. Emilio Frugoni, desafío y referencia, escrita por Eduardo Galeano (los subrayados son míos):

“Bienvenido sea este libro de Guillermo, que nos devuelve a don Emilio. Lo andábamos precisando y estaba medio perdido. Vuelve de la mano a de Guillermo, como tenía que ser.

Gracias a los dos, por recordarnos que sólo los principios nos salvan de los finales,

que no hay valentía más admirable que el simple ejercicio de la coherencia,

que los imperativos de la conciencia están por encima del deber de la obediencia,

que el cinismo no es la única forma posible de realismo

y que a veces, en la vida política y en todas las vidas, la práctica de la solidaridad cobra el alto precio de la soledad”.




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