miércoles, 9 de enero de 2008

Adiós Decano

Ayer tempranito me avisaron desde la redacción de Brecha que "Batman" había muerto. Era previsible porque desde hacía meses la venía remando contra una enfermedad para nada fácil de sobrellevar. Aún a sabiendas de ello, y a que en los últimos días su salud había empeorado, con la noticia se me atoró algo en la garganta.

Las crónicas con estilo de obituario señalan que Guillermo Waksman fue cofundador del semanario Brecha, periodista y durante unos cuantos años su director. "Un gran periodista", "un periodista de verdad", y otros elogios, todos absolutamente merecidos, escuché en radio, televisión y leí en la prensa.

Pero había otro Waksman. Para los más veteranos era "Batman" apodo que llevaba orgulloso. En su diminuto escritorio había dibujos y hasta fotografías colgadas en la pared donde él aparece, con una sonrisa cómplice, luciendo una remera del superhéroe.

Para los más jóvenes era "El Decano". Así lo bautizó la camada de periodistas más jóvenes de Brecha en una de esas reuniones de los viernes donde se discutía de todo y rara vez se arreglaba algo. Por su cara, de entrada nomás le agradó el nuevo apodo.

Detrás de esos gruesos bigotes se escondía un tipo tranquilo que nunca dejaba entrever enojo o bronca por algo, equilibrado y puntilloso a más no poder de la información y del lenguaje. Cultivaba la puntualidad por sobre todas las cosas. Eran resabios de su estadía forzada en Suiza, uno de los tantos países donde estuvo exiliado durante la dictadura cívico-militar.

El Decano era de la vieja guardia, pero con una mentalidad abierta a lo que aportaban los más jóvenes. No era de esos veteranos periodistas a los que les costó la vida ingresar al siglo XXI, navegar en Internet y adaptarse a las "nuevas" tecnologías.

Era generoso con todos al punto de abrir su agenda, o pasar aquel datito que siempre mejoraba un poco más una nota. Rara vez juzgaba a alguien y hacía gala de un sentido del humor que pasaba de lo infantil a lo filoso con una celeridad sorprendente.

Los periodistas que alguna vez cubrimos casos de corrupción, delitos de cuello blanco, o tuvimos que enfrentar un plantón eterno frente a la puerta de un juzgado muy de vez en cuando íbamos a "robarle" el prolijo ejemplar que tenía del Código Penal o el de la Constitución. Aunque no era necesario. El Decano se conocía los principales artículos penales y constitucionales casi de memoria. Es que había trabajado en los "viejos juzgados de instrucción", decía mientras se reía, décadas antes de que el periodismo lo atrapara para siempre.

Profesaba una forma didáctica para explicar a los más nuevos, incluso recién llegados al semanario, que estaban equivocados en tal o cual enfoque. Por eso no sólo fue un periodista de verdad y con mayúsculas sino que durante los más de 22 años que estuvo en Brecha además de ejercer el periodismo, fue un maestro, en el sentido amplio de la palabra.

¡Adiós Decano! Te vamos a extrañar...



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